“La Renovación Carismática ha sido levadura de cambio y transformación”

Al tiempo que en Roma se celebraban los 50 años de la Renovación Carismática, en junio de 2017, el moderador de la Comunidad del Emmanuel, Laurent Landete habla, para el Semanario La Vie   de Francia,  sobre la historia de los movimientos carismáticos y su lugar en la Iglesia Católica del futuro.

LA VIE:   Hace 50 años, un grupo de estudiantes estadounidenses hicieron la experiencia de la efusión del Espíritu Santo. A continuación se crearon miles de grupos de oración  y de comunidades llamadas “carismáticas”. ¿Cómo explicar hoy ese fenómeno?.

LAURENT LANDETE.  Un carisma es un don del Espíritu Santo para edificar la Iglesia en un momento de su historia. La efusión  de los años 70, que se manifestó por un redescubrimiento de la persona del Espíritu Santo y de sus dones –profecía, canto en lenguas, sanación, etc- respondía a una necesidad de oración, de alegría,  de una relación personal con Dios.  Los carismas, si Dios los da, deben saber ser acogidos, y dejarnos sorprender.

LV: La Renovación Carismática, sin embargo, ha sido reducida a manifestaciones espectaculares o a un estilo de oración…

LL:  La Comunidad del  Emmanuel se siente un poco estrecha en este término de lo “carismático”. Esta sensibilidad no es un estilo. En cuanto a los carismas, el solo deseo de manifestaciones extraordinarias no es sano en sí mismo, no es un deseo de Dios. La Renovación Carismática debe estar dirigida hacia una unión con Dios más estrecha y profunda. Es Él quien es extraordinario.

LV : En Francia, ¿cómo la Renovación Carismática ha hecho evolucionar la Iglesia?.

LV : Ha sido una levadura que permitió que las cosas cambiaran.   Pienso por ejemplo en la renovación de la oración, especialmente en la alabanza y la adoración eucarística. Cuando me uní a la Comunidad del Emmanuel  sólo había, en Bourdeaux, dos lugares de adoración. Ahora todas las parroquias de la ciudad los tienen.

También se han dado cambios en lo que respecta a la vida fraterna. Cuando era joven, yo iba solo a la misa porque mi familia no era practicante. Nadie me decía “buenos días” en la iglesia.  En la Renovación, encontré una comunidad para vivir mi fe con los demás.  Hoy día en las parroquias las iniciativas se multiplican para establecer vínculos entre los fieles.  Y por supuesto, ha habido una renovación litúrgica. Los cantos compuestos por las comunidades carismáticas y  por otras, como la de Taizé, se han convertido en “clásicos”.

LV:  En los años 70, la Renovación Carismática sobresalía también por su característica misionera  directa y militante.

LL: Es una consecuencia lógica de un rencuentro personal con Dios. Cuando se tiene esta fuerte experiencia, se desea compartirla a los demás. Hace 25 años el término “evangelización” causaba sobresaltos. Me acuerdo de un sacerdote que me prohibió hablar de Dios cuando visitara  a los enfermos “¡Usted es un dictador de la fe!”  me dijo.  Hoy, en las capellanías de los  hospitales y también en la enseñanza católica, se ha evolucionado mucho sobre esta cuestión del anuncio explícito, de manera que muchas parroquias se han orientado por la vía de la evangelización misionera.

LV: La Renovación Carismática, sin embargo, no ha impedido revertir la tendencia a la baja del número de practicantes católicos en Francia…

LL: Si se analizan las cosas en términos de tendencias, efectivamente… Pero también se puede afirmar –de forma humilde- que sin la Renovación, en el sentido amplio del término, no habría  hoy en día casi vocaciones para la vida sacerdotal o religiosa.  En la Comunidad del Emmanuel estas son constantes. Sin contar el número de laicos, que han pasado y han sido formado por la Renovación, y que hoy son miembros activos de las parroquias.

LV: Numerosas parroquias han sido confiadas a la vuestra comunidad. Varios sacerdotes del Emmanuel son ahora obispos. Con esta institucionalización, ¿no teme usted que se pierda la “frescura” de los inicios?

LL: Entre los católicos, los “renovados” no pueden vivir sino al interior de la Iglesia. No es como entre los protestantes evangélicos, donde, cuando se recibe un nuevo carisma, se funda una nueva iglesia. Al mismo tiempo es necesario guardar la “frescura” y la apertura a los signos dados por el Espíritu Santo. Y son los laicos quienes deben ejercer un rol de vigía para llevar los problemas del mundo al corazón de la Iglesia.

LA VIE: Las Comunidades carismáticas pasan por una crisis en los últimos 20 años.

L.L. Crisis por una parte, ligadas a la juventud. La pregunta es: ¿Cuál es la referencia que ellas tienen?. ¿Se hacen ayudar por la Iglesia?. En el caso de la Comunidad del Emmanuel, en cada crisis nos hacemos ayudar por la Iglesia, como un niño que habla a sus padres.  Las crisis más graves, han tenido que ver con confusiones: confusión de los estados de vida entre laicos, sacerdotes y consagrados, confusión por los roles de gobierno de la comunidad y de acompañamiento espiritual, etc.

LA VIE.  El número de grupos de oración carismáticos ha disminuido. ¿El “momento” de la Renovación ya pasó?.

LL: El error es considerar a la Renovación Carismática como un movimiento, pues se trata en cambio de una “corriente de gracia”, como lo dijo el Papa Francisco. Las comunidades surgidas de esta efusión no deben, entonces, quedarse centradas en ellas mismas, sino sumergidas en esa corriente preguntarse sin cesar cómo pueden ponerse al servicio de la santificación del mundo. ¿Cuál debe ser  la renovación para el mundo de hoy?.

LA VIE. ¿Cómo llegar a  nuestros contemporáneos?.

LL: Debemos escrutar los signos de los tiempos mirando profundamente hacia adelante, más que mirando hacia atrás. Hay que ser proféticos más que nostálgicos.

Entrevista realizada por Laurence Desjoaux para La Vie

Artículo original en francés:  “Nous devons être plus prophetiques que nostalgiques”