Misión de Semana Santa 2019 en Nicaragua

Este año la Comunidad del Emmanuel de Nicaragua participó en una nueva misión popular comunitaria  durante la Semana Santa.  Compartió estos días de gracia especial con las personas de la comarca El Guayabo, una comunidad rural que se encuentra a unos 15 km al este de la ciudad de Granada, a orillas del Gran Lago. Maria Haidée Sequeira nos cuenta cómo se desarrolló la misión.

Los hermanos de la Comunidad participaron de forma muy activa. La mayoría dejó la comodidad de sus hogares y distracciones; otros aprovecharon los días libres y otros incluso después de salir del trabajo se anexaban para vivir estos momentos con las personas lugareñas.

La misión inició el sábado de Dolores, donde se realizó un visiteo a las personas de la zona a fin de invitarlos a vivir y participar de las actividades,  El Domingo de Ramos se realizó la procesión de Jesús del Triunfo: las personas del lugar se sentían muy felices de ver que iban a poder tener su procesión y a un joven lo vistieron de Jesús y lo montaron en un caballo a falta de burrito.  Y todos nosotros con las palmas en nuestras manos gritábamos: “¡Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en el nombre del Señor, Hosanna al Rey de Israel!”. La procesión avanzaba y el coro de la comunidad iba animando y cantando. Así llegamos a la Capilla del lugar para disponernos a vivir la Santa Eucaristía.

 

Posteriormente el lunes santo se dedicó a hacer visiteo y misión evangelizadora en la zona, donde pudimos observar que la gente está muy  desatendida  en lo espiritual,  pero que  hay  mucho deseo  de la  Palabra del Señor;  sin embargo,  no tienen de donde tomar del agua que solo Cristo nos puede dar.  Esto es aprovechado por otros grupos religiosos.   Muchas  de estas gentes participaron con fe y gozo  en en las alabanzas y en la adoración al Santísimo Sacramento.

El martes vivimos una liturgia de la palabra y el miércoles una asamblea abierta.  Ambas, posteriores al visiteo y evangelización, donde las personas del lugar participaron gozosamente, llenas de mucho ánimo y alegría.

Entramos al Triduo Pascual con una liturgia de la palabra y posteriormente, con el resguardo del Señor, en un sencillo pero bonito monumento realizado para adorarlo y unirnos un poco a su pasión que iniciaba. Con reposo y en actitud de adoración regresamos Granada, con la pesadumbre del cautivo.

Mientras íbamos para la comarca el viernes santo, rezamos la coronilla a la Divina Misericordia, a fin de preparamos para entrar en los misterios de la muerte de nuestro Señor que íbamos a contemplar con el santo Viacrucis y en la liturgia de ese día.  Durante el  Viacrucis donde el Sol brilló con gran fuerza e hizo mucha calor. Ese pequeño sufrimiento nos hizo entrar un poco más en la Pasión del Señor y la ceremonia sobria de ese día nos hizo contemplar el amor del Señor desde la cruz.  Terminamos el día con aquella tristeza  y quietud que se siente cada Viernes Santo.

La ceremonia del sábado de Gloria inició con la bendición del fuego; posteriormente las lecturas, el canto del pregón pascual y del aleluya, y se hizo la luz. La luz de Cristo que nos ilumina, la luz del Señor que nos alegra, porque dispersa la tiniebla del pecado y de la muerte. A partir de ahí  todo fue  gozo y  alegría con el  Señor vivo y presente. El domingo de Resurrección, esta alegría se multiplicó con la presencia de más  personas.  Estábamos alegres: por la gracia del Señor, todo salió  bien, y sabemos que,  por su misma gracia, se darán los frutos, tanto en las personas del Guayabo, como en nosotros mismos, en nuestra Comunidad del Emmanuel.

Melina (Costa Rica) «Tuve un encuentro con mi prójimo que sufre»

Mi nombre es Melina Arrieta Bellido, soy miembro de la comunidad del Emmanuel en Costa Rica.  Este año me dispuse a vivir la misión con los hermanos de la comunidad de Nicaragua, por gracia del Señor.  Lo hice porque nació en mi corazón un deseo fuerte de hacer una misión intensa para este tiempo.  Inicialmente mi intención era vivirla en mi país; sin embargo, por distintas circunstancias,  se me trazó un camino que dirigía hacia  un pequeño pueblo cerca de Granada, Nicaragua.  Esta fue una  oportunidad muy especial  para misionar en conjunto con una de las comunidades locales más antiguas, experimentadas y dinámicas de América  Latina.

Estando en Nicaragua el Señor me concedió la bendición con las siguientes palabras: «¡Por amor y no por ley!» (Mc 7)  Estas palabras fueron un regalo desde el Domingo de Ramos, cuando llegué junto con los hermanos de la comunidad al pueblito del Guayabo. Y esta frase continuó resonando en mi mente durante los días posteriores.

¡Cuantas veces ya había escuchado hablar del amor de Dios!. Y sin embargo, en este momento, el Señor me estaba dando la gracia de entender verdaderamente que significaban aquellas palabras. Y además, me dio la oportunidad de profundizar un poco más en la grandeza de su amor:  ¡Cualquier cosa que nosotros hagamos aquí en la tierra nada va a igualar ese sacrificio tan grande de amor que Jesús hizo por nosotros!.

Conozco bien que el Señor nos llama a ser cooperadores en ese gesto de amor, muriendo a nosotros mismos. Es necesario disminuir para que Él crezca y esto lo sentí de forma muy concreta a través del servicio. La única manera en que yo puedo devolverle un poco del amor que Él me ha dado es por medio del servicio, pero un servicio con amor, con entrega y sin esperar retribución. También el Señor me permitió entender que en ocasiones no es necesario hacer grandes cosas, sino cosas pequeñas pero que sean bien hechas.

Algo que me tocó mucho fue ver la muestra de gratitud de las personas de la comunidad del Guayabo. Pude percibir  un pueblo olvidado por los gobernantes, pero con mucha sed del Señor.  Vi rostros llenos de alegría por nuestra presencia, y esto  fue suficiente para sentir que había sido correcta mi decisión de  participar junto con mis hermanos en esta aventura de evangelización. Aventura de la que estoy segura que, no solamente nosotros conseguimos dar un paso en nuestra fe, sino que  también  sembramos una semilla en los corazones de las personas del pueblito que nos acogió

!Estoy llena de alegría con  Dios por este tiempo que me regaló!  Pude estar más cerca de mis hermanos de comunidad de Nicaragua,  con quienes en varias ocasiones pude experimentar una dinámica de caridad, perdón y misericordia.  Además, tuve un encuentro con mi prójimo, con aquel que sufre,  que espera una palabra de aliento, una oración de sanación, una palabra liberadora, una muestra de afecto o tan solo una palabra de fortaleza para continuar.

Al Señor sea la gloria por Siempre.