En la piel de un seminarista del Emmanuel

Presentamos una entrega del boletín mensual consagrado a las vocaciones: la actualidad de la casa de formación parisina “Nuestra Señora del Emmanuel”, donde este año se forman 23 seminaristas europeos, asiáticos y norteamericanos de la Comunidad del Emmanuel.

En esta primera oportunidad proponemos sumergirnos en la vida de los seminaristas: ¿cómo se forman ellos?. ¿Qué hacen cada día?. ¿qué aprenden en sus cursos ?. ¿qué comen?.  Quizá el lector ya tenía en mente algunas de estas preguntas, y ahora pasamos a responderlas.

Formación académica

La mayor parte de nuestro tiempo la consagramos a la formación, estudiamos filosofía, teología y Santa Escritura. Si este año los cursos han discurrido fundamentalmente a distancia, desde hace algunas semanas hemos podido hacer clases presenciales en el colegio de los Bernardinos. Pese a la aparente diversidad de contenidos, los cursos forman bien una unidad:  alimentan nuestra inteligencia y nos permiten entrar en la profundidad de la Revelación, a la vez  utilizando nuestra razón humana para escrutar las Escrituras.  Pero si el número de horas que consagramos al estudio es importante, y si al aproximarse las evaluaciones finales puede ser grande la tentación de dar prioridad  a nuestra formación intelectual,  los superiores nos recuerdan que el Señor nos llama   ante todo a unirnos a Él, y los cursos deben ponerse al servicio de esa unión. “Es necesario que todo descienda de la cabeza al corazón”, tal como lo resume  Ludovic, estudiante de segundo año.

Formación espiritual

Por eso es que el corazón de nuestra vida  es la formación y el crecimiento espiritual. La oración debe estar en el centro de la vida de todo bautizado, y con mayor razón en la de los seminaristas.  En la oración, personal o comunitaria, en la Eucaristía, en los acompañamientos, buscamos aproximarnos cada vez más a Cristo, a parecernos a Él, a unificar nuestras vidas bajo su mirada. “No se nos pide ser doctores, sino que amemos a Jesús”, explique Étienne, también estudiante de segundo año.  “Aunque todo resto de nuestra jornada deba suprimirse, la oración siempre debe permanecer”.

Formación apostólica

Nuestra formación también es pastoral, pues cada uno de nosotros tiene un apostolado regular en una parroquia de inserción: catecismo para niños, acompañamiento a catecúmenos, animación de grupos de oración, visitas a hospitales, actividades con los más pobres… en fin, las posibilidades son numerosas.

Tal como dice Irene, la hermana consagrada que nos ayuda a releer estos tiempos, “el apostolado es la vida concreta del sacerdote. Enseña a los seminaristas a vivir la caridad pastoral, a estar al servicio de toda la vida de un cristiano, desde el bautismo hasta la muerte”. No buscamos, entonces, mantener a Cristo solamente en nuestros libros, sino también llevarlo a la vida práctica.

Vida fraterna

Finalmente, un elemento importante de nuestra cotidianidad en el seminario es la vida fraterna. Sin los hermanos con quienes vivimos, nos es muy difícil avanzar en nuestra vida con Cristo: entre hermanos nos sostenemos, oramos los unos por los otros, nos corregimos, nos edificamos, compartimos. Esto pasa en tres momentos concretos: la comida, los oficios de la casa, la cocina y las discusiones más o  menos serias.  Y, dado que un espíritu sano no va en un cuerpo que no está sano, tenemos cada semana un tiempo reservado al deporte, aunque este año ha sufrido limitaciones a causa del cierre de los lugares habituales de práctica.

En suma, nuestra formación es intelectual, espiritual, pastoral, humana, todo vivido a través de las gracias de las gracias de la Comunidad del Emmanuel. Aprendemos a crecer en hermanos bajo la mirada de Cristo, y buscando parecernos cada vez más a Él.

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