Vida consagrada masculina

“Hermano de todos” : Vivir como hombre consagrado en la Comunidad del Emmanuel

En el seno de la Comunidad del Emmanuel, los hombres son llamados por Dios a darse enteramente a Él en el celibato consagrado.

Saciados por Cristo, ellos viven con El una amistad fuerte y profunda que los lleva a escoger el celibato que Jesús El mismo vivió, para  estar sin cesar a su lado, hasta convertirse en sus amigos íntimos y sus compañeros.  Amigos del Esposo, entran en el deseo ardiente de Cristo que quiere que todos los hombres se salven. Animados por el Espíritu Santo, anclados en la oración de adoración, ellos quieren dar testimonio a cada quien que Dios es nuestro Padre.

Laicos inmersos en la sociedad, su manera de vivir es tan simple que  no los distingue en nada de sus contemporáneos. En todos los dominios de su existencia, especialmente su trabajo, son llamados a convertirse en hermanos de todos y a manifestar así la proximidad de Dios y su bondad por todos los hombres.

Por la escogencia positiva del celibato a semejanza de Cristo, los consagrados enseñan que Dios es suficiente para llenar el corazón de un hombre y que el Reino de Dios buscado está ya en medio de nosotros.

Dios llama a algunos hombres al sacerdocio, pero también llama a otros a darse a El, en cuerpo y alma, llevando una vida “ordinaria” intensa y alegre.

Darse plenamente

Un Hermano consagrado en la Comunidad del Emmanuel es un hombre que reconoce un llamado a darse plenamente al Padre, en el seguimiento de Cristo, bajo la guía del Espíritu Santo. La guía de vida de un hermano consagrado es la de Cristo, durante los treinta años que pasó con María y José en Nazaret.

 Una vida dada gratuitamente, a veces en silencio: una vida de trabajo, una vida en interrelación con otros, una vida familiar, con María y José. En fin, el consagrado vive una vida ordinaria de una manera extraordinaria.

De una cierta forma, hay un misterio de gratuidad. ¿Por que los evangelios no nos dan muchos detalles sobre estos primeros años de la vida de Jesucristo?. Porque él escogió llevar una vida  oculta.   Lo que no quiere decir, una vida inútil y sin valor; eso quiere decir, que lo importante no es ser visto por los hombres, sino por Dios, aquel que conoce el corazón de cada uno. Como dice Jesús: “Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mt 6, 4)

El fundador de la comunidad del Emmanuel, Pierre Goursat, nos señaló este camino. El vivió plenamente su vida de hombre en el mundo, pero poniendo a Dios en primer lugar. Dios se sirve frecuentemente de los hombres que “no son brillantes” a los ojos del mundo, pero que son, ante El, estrellas que iluminan y sostienen al mundo. Pierre estaba lleno del  fuego del amor de Dios, y su vida era de auténtica entrega a Él y a sus hermanos.

Entregar el corazón a Dios, significa tener un corazón que no está dividido. Dios colma el corazón de una persona que se da con alegría.

Estando en el mundo sin ser del mundo

Seguramente los acontecimientos actuales nos llevan a pensar “Vivir los consejos del Evangelio no es posible en el mundo de hoy”.  Sin embargo, Dios sigue llamando. El también da los medios para responder a su llamado. Él es fie, y da los medios para avanzar siempre en dirección suya. Aún en medio de combates en donde sentimos que nos faltan fuerzas para salir adelante.

Dios ama a los hombres y los llena con su amor más allá de lo que puedan hacer.  El hermano consagrado, célibe por el Reino de Dios, es testimonio de que Dios ama a todos los hombres por que él mismo se siente amado e inundado por ese amor.

Esta vocación al celibato en el corazón de la sociedad es profética para nuestro mundo de hoy. Nos  recuerda que nuestro bautismo nos impulsa para la santidad y que un hombre puede responder a su vocación de bautizado escogiendo no casarse para ser signo del Reino y manifestar que solo Dios puede llenar plenamente el corazón  humano.   Y por medio de una vida profesional, social, familiar, fraternal y de oración, insertada en el mundo, es que damos testimonio del amor de Dios para todos hoy día.  “estar en el mundo sin ser del mundo”.  Y tener bien puestos los pies sobre la tierra, al tiempo que se está conectado al corazón de Jesús, que ama a todos los hombres.

“Estar en el Corazón del mundo me permite encontrar a personas que no conocían a Dios pero que tenían una gran sed de amor. Trabajar, pero también escuchar, estar atento a los sufrimientos de las personas que nos rodean es el corazón de nuestra vocación”
Bernard Michat, hermano consagrado (Francia)
Bernard Michat, hermano consagrado (Francia)
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