De la Isla Martinica a la fría Europa

De la Isla Martinica a la fría Europa, el padre Olivier llega precedido por su reggae caribeño, para anunciar el evangelio y la conversión en el Caribe y en Francia

Olivier-Marie Lucenay es un joven sacerdote famoso en su isla natal de Martinica, un departamento francés en el Caribe, por su trabajo con los jóvenes y sus magníficos ritmos reggae. Ordenado sacerdote en 2014, a los 32 años, en la catedral de la isla y tras servir 4 años allí, ahora es enviado a Francia, a la diócesis de Versailles, a formar un equipo con otros sacerdotes jóvenes, diocesanos y de la Comunidad del Emmanuel, a la que pertenece. Deja el calor y la fe de una isla católica al 85% por una diócesis con un 60% de población bautizada y muchos menos practicantes.

Él lo tiene claro: “seguiré haciendo lo que en Martinica, pero en Versalles”. Y eso significa acercarse a los jóvenes para evangelizar apoyándose en su música y buen humor.

Para evangelizar a los jóvenes

“Al principio se sorprenden cuando descubren que soy deportista, apasionado de las redes sociales, que canto gospel y reagge… en resumen, que no estoy encerrado en la vicaría, que soy un hombre joven normal”.

Él tiene claro que evangeliza con la amistad, pero no con el “amiguismo”. “Con los jóvenes es importante encontrar la distancia correcta: muchos los entienden bien, soy más bien un hermano mayor, no un amiguete. Confían en mí, saben que pueden abordar los temas sin tabúes, pero saben que hay límites en la relación”.

Él se siente cómodo con los alejados de la fe porque aunque siempre fue creyente, en su adolescencia era más bien rebelde. Se rebelaba contra maestros, catequistas y todo tipo de autoridad. A veces intentaba saltarse la catequesis. Los estudios le iban bien porque su madre le insistía mucho y lo apoyaba muy de cerca. De su padre aprendió a tocar la batería y el amor por la música.

“Cuando acabé la catequesis de confirmación lo sentí como una liberación, acabar con una pérdida de tiempo inútil”, recuerda. Tardó aún un tiempo en encontrar a Cristo de forma viva, primero con un grupo de oración de jóvenes de su parroquia, llamado “los Sarmientos”, a los que está muy agradecido. Después con la comunidad Vie et Partage , nacida en el año 2000 y presente en Francia y el Caribe. Y más adelante con la Comunidad del Emmanuel, presente en 60 países, a la que pertenecen 270 sacerdotes.

Aplazando una vocación que insistía

En 2005, con 22 años, después de pasar por el confesionario, una pregunta se instaló en su corazón: “sacerdote ¿por qué no tú?” Pero él tenía novia y no tenía ganas de ser sacerdote. Pensaba llegar a formar un matrimonio cristiano. Aplazó las decisiones. Pero en 2007, en un retiro ignaciano, el Señor le confirmó que le quería como sacerdote. Y él accedió. Estudió en Bélgica y en París. “Dios ponía en mi interior un deseo de estar totalmente dedicado a la misión”.

“Intento dejarme moldear por el Espíritu Santo a la imagen de Cristo, el Buen Pastor”, explica. Su espiritualidad se cimenta sobre los tres pilares de la Comunidad del Emmanuel: adoración, compasión y evangelización. Aunque le gusta la música, insiste en que “la fuente de la misión está en el silencio de la adoración”. También explica que “nunca dejo mi rosario, la hermosa cadena de amor que me une cada vez más a María y a Jesús”.

Y ve que un campo de batalla hoy es la familia, donde Dios quiere expresar su amor pero el demonio se desata contra ella. El cuerpo, el amor, la sexualidad… ahí él quiere proponer a los jóvenes la Teología del Cuerpo de Juan Pablo II, en la que querría profundizar más y más.

Sale a las calles, canta reggae, pasa tiempo con los jóvenes y les dice, como Juan Pablo II: “No tengáis miedo a Cristo, él no quita nada y lo da todo”.

Aquí, en criollo de Martinica, uno de los mejores temas reggae del P. Olivier

Tomado de:  Religión en Libertad