Retiro “Renacer en el Sinaí”

Es un Retiro Fundamental para jóvenes de 18 a 35 años que deseen encontrar el amor de Dios, sentir su misericordia y su gloria

¿De qué se trata exactamente?

Tener cuatro días de retiro en un vasto espacio donde la majestad de la naturaleza invita al alma al encuentro con lo sublime. Se trata de un retiro fundamental, aquellos que sólo se hacen una vez en la vida. El objetivo es tomar tiempo para sí mismo y para Dios lejos del mundo, de las actividades cotidianas, para descubrir a Dios y su plan amoroso para con nosotros.

Este retiro nos lleva al corazón de una naturaleza a la vez misteriosa, límpida y árida, pero también al corazón de nosotros mismos para (re)establecer una relación íntima con Dios cuya presencia no es perceptible sino “en la voz de un silencio sutil” (1 Reyes 19, 13)

Esa “pausa” en un ritmo de vida desenfrenado y estresante es esencial para conocerse mejor, para discernir lo que Dios quiere de nosotros o para tomar una decisión importante. Ir al “desierto” es ante todo una escuela de oración personal en la simplicidad de un lugar natural, sobrio, bonito y majestuoso, riguroso y alejado de todo elemento superfluo (celular, maquillaje, reloj, radio, etc.) Uno de los ingredientes claves de este retiro es caminar, que se hace principalmente en silencio.

¿Por qué irse al desierto?

  • Para encontrar el amor de Dios para nosotros en la dificultad, sentir su misericordia y su gloria.
  • Con Jesús hacemos la experiencia del silencio, la soledad y la palabra de Dios y vivimos una experiencia en 3 etapas (Maravilla y abandono, la lucha; La acogida del Espíritu Santo)
  • El desierto es un lugar de silencio que permite estar atento a la Palabra de Dios.
  • El desierto, como lugar de sed, que invita a buscar la fuente de agua viva.
  • El desierto como lugar de vacío para sentir mejor su presencia.
  • El desierto como lugar de muerte, que llama a la vida.

La vida en grupo

La vida en comunidad es un pilar de nuestro viaje. Permite profundizar la experiencia personal a la luz de la experiencia de los demás.

Permite igualmente aprender a amar mejor a los hermanos. Con el fin de favorecer la atención del uno al otro, el sentido del servicio y la vida de oración, el grupo de ejercitantes no puede exceder la treintena de personas.

No tema venir solo(a), pues el descubrimiento del otro y del espíritu fraterno será aún más fuerte.