Retiro de la Fraternidad de Jesús en Paray-le-Monial: testimonios

En octubre de 2017 tuvo lugar en Paray le-Monial, Francia, el retiro anual de la Fraternidad de Jesús, organismo que constituye el corazón de la Comunidad del Emmanuel. A este retiro asistieron algunos hermanos latinoamericanos.  Transmitimos a continuación dos testimonios, de parejas de Colombia y Costa Rica. 

El corazón de la comunidad en la ciudad del corazón de Jesús

Por: Dimelza Silva y Oscar Bernal   

Vivir el retiro de la fraternidad de Jesús, es vivir plenamente el corazón de la comunidad… y vivir este retiro en Paray le Monial, ciudad del Sagrado Corazón, es una experiencia tan maravillosa que no se puede guardar simplemente en la memoria; debe compartirse para hacerla trascender.

En primer lugar, la gracia de vivir la comunidad en pleno, en sus raíces más profundas, en torno a más de 1.700 hermanos en el Señor, todos con un mismo espíritu, ¡el Espíritu del Señor! Es una realidad que pudimos constatar: la fraternidad está en la raíz de la comunidad, la alimenta, la sostiene, la fraternidad vive y ejerce los carismas, regalos de Dios para la edificación del cuerpo que es la Iglesia. Es cierto y es posible, es una realidad que existe, la vida fraterna a la que Dios nos llama no es cuestión de unos pocos, somos miles, unidos por el Señor.

Cada día empezaba con la alegría de alabar al Señor como hermanos todos del mismo Padre, cada uno en su lengua y al mismo tiempo todos hablando el mismo idioma, el idioma de la acción de gracias al Señor por tantas maravillas…

Y en medio de este encuentro alegre no podían faltar los testimonios; Dios actuando de manera real y concreta en la vida de sus hijos.  Testimonios sencillos llenos del reconocimiento de la acción de Dios en cada paso concreto… sin aspavientos, sin espectáculos, las maravillas del Señor en las pequeñas grandes misiones de cada región en donde la comunidad ha ido naciendo.

En el centro del retiro, siempre presente, la adoración, pilar fundamental de nuestro ser. Y al lado de Cristo vivo en el Santísimo Sacramento, sentimos de forma real la presencia de María como nuestra madre, que nos une, nos congrega, y nos lleva hacia Jesús. Todo el retiro giró alrededor de la figura imprescindible de María en nuestro camino de Santidad, en nuestro camino de fe hacia el Padre, a través de Jesús.

Esta hermandad la pudimos experimentar de forma especial a través de la alegría de sentarnos a cenar al lado de un hermano sacerdote de China, una joven de República Checa, una hermana consagrada del África, una familia, una pareja joven, en fin, la realidad y complementariedad de todos los estados de vida, aprendiendo unos de otros, apoyándonos unos a otros para caminar juntos hacia la patria celeste.

Además, la oración de unos por otros, tal cual como la hacemos en nuestras comunidades locales pero ahora siendo una red inmensa de fraternidad, sabiéndonos responsables por nuestro hermano, para que no decaiga, para que siga firme, aún a pesar de las dificultades de cada día, aún a pesar de las tentaciones, aún en contra de las limitaciones personales, sociales, económicas…

En la ceremonia de consagración de los hermanos y hermanas consagradas en el celibato, el moderador nos pregunta a todos los presentes. ¿Estás dispuesto a sostener a tu hermano en su consagración, a través de tu oración y vida fraterna?  Sí.  ¡es verdad! nos sostenemos unos a otros; es una realidad, no una linda idea, es algo cierto aquí y ahora, ¡para todos nosotros! Y somos responsables por nuestro hermano, por el que Dios eligió para mí, porque es cierto que los hermanos no los escogemos, sino que los debemos acoger, apoyar, sostener…

Un aspecto que marcó fuertemente nuestra vivencia del retiro fue el espíritu de sencillez de todos nuestros hermanos, empezando por el moderador, quien está próximo a finalizar su servicio de gobierno y testimonia cómo seguirá sirviendo en la comunidad, pero ahora bajo las disposiciones de su sucesor.  A él, se le suma el ejemplo de entrega y servicio de todos aquellos hermanos que en las pequeñas cosas alaban al Señor entregándose por amor: el servicio de comida, la logística, las traducciones, los anuncios, e incluso el servicio del orden para que la comunión de 1.700 personas no durara más de 10 minutos.

Ya no hay espacio para la tristeza, porque aún ante el misterio de la Cruz, nuestro caminar cristiano se convierte en una celebración llena de gozo cuando entendemos que desde el mismo árbol de la Cruz que ha servido para nuestra redención, hemos recibido también el regalo maravilloso de la maternidad de María, y así ha comenzado la vida fraterna de los hijos e hijas de Dios.

¡Salve a tí María, madre del Emmanuel!

 

“Nos sentimos llamados a vivir  su misericordia, a entregarnos más a la voluntad de Dios”

Por: Diana Leloup y Engels Meneses

Somos un joven matrimonio; llevamos 4 años dentro de la Comunidad del Emmanuel y actualmente estamos viviendo en Costa Rica. En este país la comunidad no ha nacido aún de manera oficial,  sin embargo ya somos tres hermanos  que nos reunimos cada jueves.

Con gran alegría recibimos la invitación a vivir el retiro de la Fraternidad de Jesús en Paray Le Monial. Para nosotros este fue un llamado personal del Señor para sacarnos de nuestra rutina, de nuestras preocupaciones y también para renovarnos en el amor hacia Él y en la vivencia activa y profunda de la comunidad del Emmanuel. Además de ser un regalo muy preciado también fue un tiempo de muchas pruebas, especialmente de salud, que amenazaban con impedir el viaje.

El día tan esperado llegó y gracias a Dios y a la oración de los hermanos,  el viaje fue posible  y nuestra aventura comenzó.   Al llegar a Paray le Monial sentíamos un ambiente muy especial y al ver a los hermanos de comunidad por todos lados ya sentíamos el ambiente comunitario tan propio de los hermanos, en el cual, aunque uno sea de diferentes países, diferentes lenguas e intereses, rápidamente nos reconocemos como hermanos y compartíamos de las experiencias de nuestra vida cotidiana y de nuestra vida con el Señor.

Algo importante fue haber visto a los hermanos de la fraternidad de Jesús, aquellos que han aceptado esforzarse mucho más al servicio del Señor y de la comunidad. De la misma manera, haber visto a una gran cantidad de hermanas y hermanos consagrados que nos comparten la amabilidad y humildad que se desprende de ellos un ambiente de paz y amor hacia los demás y hacia nuestro Señor Jesucristo. Ellos son un ejemplo para la comunidad.  No olvidamos tampoco todos nuestros queridos sacerdotes que asistieron al retiro y que nos acompañaron en todo momento.

Escuchar las alabanzas de la comunidad en varias lenguas, ver y compartir con hermanos de comunidad que vienen de países en los que sufren persecución… todas estas cosas eran un testimonio grande para nosotros y nos abría el corazón hacia el Señor, a alabarle con más ganas, con más alegría. Otro de los regalos que cada día podíamos estar en la santa Eucaristía y además tener un tiempo diario de adoración, tiempos que por causa del trabajo y las dificultades para encontrar tiempo, habíamos dejado de poder vivir y con lo cual nos reencontrábamos nuevamente y nos hacía volver hacia un sentimiento de mayor compromiso con el Señor.

Cada día podíamos asistir a charlas relacionadas en su mayoría con nuestra madre santísima; por ejemplo “Maria hija de Sion”, “La pascua de María” o la charla impartida por el padre Eduardo Chávez, capellán de la basílica de Guadalupe, sobre el mensaje de la Virgen de Guadalupe. Escuchar estas enseñanzas nos hizo comprender dos cosas: primeramente, el deseo enorme de la comunidad a vivir de manera más profunda este año Mariano propuesto por nuestro moderador; y lo segundo, redescubrir lo maravillosa que es nuestra Madre Santísima, redescubrir verdaderamente lo cercana que es a nuestros corazones y reavivar el deseo de conocerla más y rezar el Ave Maria en toda ocasión con mayor devoción.  Un momento realmente especial fue cuando entramos a la capilla de la visitación. Al entrar sentíamos en el corazón que era realmente un lugar lleno de gracia y de la presencia del Señor. Cerraba los ojos y pensaba en que muchos años atrás el Señor estaba presente místicamente en ese mismo lugar donde Diana y yo podíamos esta. De todos los momentos este fue uno de los más especiales para nosotros. El Señor tocó nuestros corazones y nos sentimos llamados a vivir  su misericordia, a entregarnos más a la voluntad de Dios, a entregarnos más a Él y a ser realmente agradecidos con todas las cosas que Dios nos da cada día.

Fue un viaje largo de regreso a nuestro país y gracias al retiro, a los hermanos, a las alabanzas, al compromiso con el Señor que pudimos ver en la misión de cada uno de nuestros hermanos en sus propias realidades, nos hizo volver con un espíritu constante de alabanza, con unas ganas inmensas de poder seguir viviendo estas gracias en nuestra propia realidad y compartirla con los demás. Nos dejó deseo inmenso de no dejar escapar esta llama que el Señor ha reavivado en nosotros con el tiempo y un agradecimiento infinito con Dios por haber puesto sus ojos en nosotros y habernos permitido vivir este momento tan especial y a todos nuestros hermanos que se esforzaron mucho para que pudiéramos vivir este retiro.