Nuestro llamado

El sacerdote es aquel que lleva a Cristo a los hombres. Por la celebración de los sacramentos, él hace visible a Jesús, quien da su vida (Eucaristía), que perdona los pecados (Reconciliación)… Ser sacerdote no es un empleo, es ante todo un llamado de Dios; es también la ofrenda total de su vida, en respuesta a este llamado, para que el mundo tenga Vida.

“¡Que el sacerdote sea algo grande!” (Santo Cura de Ars)

En el carisma de  la Comunidad del Emmanuel, los sacerdotes son llamados a ser:

  • Hombres llenos de amor al Corazón de Jesús, particularmente en la adoración.
  • Misioneros en la vida cotidiana, en la compasión y en la evangelización.
  • Sostenidos por la vida fraterna y comunitaria con sus hermanos y hermanas laicos de la Comunidad del Emmanuel.
  • Fieles a la enseñanza de la Iglesia y dóciles al Espíritu Santo.
  • Incardinados en las diócesis e insertos en el corazón del mundo para llevar a todos El Emmanuel “Dios con nosotros”.

El sacerdote de la Comunidad del Emmanuel está al servicio de la Iglesia y del mundo.

“Es un hombre que ha sido tomado personalmente por el amor de Dios y que ha comprendido el llamado de Jesús a seguirlo. En respuesta, busca, en la vida cotidiana, amar a Jesús y servirlo en cada momento. En la adoración cotidiana del Santo Sacramento, en la escucha de la Palabra de Dios. Este amor lo llena y lo impulsa a ir delante de hombres y mujeres de ese mundo para que ellos descubran a su turno cómo ellos son amados por Dios. El sacerdote del Emmanuel es, entonces, de manera particular, un sacerdote para la misión. No es mejor que los otros y sabe que la evangelización produce frutos cuando es vivida en comunidad, con los otros hermanos y hermanas laicos, parejas y consagrados.  De manera que la vida fraterna es muy importante para él.  La Comunidad del Emmanuel es una familia donde él sabe que puede realizar junto a sus hermanos y hermanas de la Comunidad, su llamado a ser santo.  En la alegría, en el espíritu de alabanza, busca servir mejor a todos los hombres, particularmente a los más pobres”.
(P. Fabien, diócesis de Namur, Bélgica)
 
Ser sacerdote no es un empleo”.  Sino una vocación de tiempo completo que abarca todo mi ser.
Escoger responder al llamado de Dios en la Iglesia, significa, en principio, consagrarme totalmente a Dios y ofrendarle toda mi vida. Si; antes de actuar, yo debo entregarme a Cristo, no importa si dispongo de tiempo o no, si estoy desbordado por ocupaciones o no. Me consagro a Dios para llevar a Dios al mundo, para llevar su presencia”.
(P. Paul-Marie, Arquidiócesis de París, Francia)

El sacerdote  es  un hombre escogido por Dios, amigo de Cristo para salvar al mundo  mostrándole el camino de la verdad.

El sacerdote es  un hombre alimentado por la Palabra de Dios encargado de anunciar a sus hermanos el Evangelio de fe, esperanza y amor.

El sacerdote es  un hombre de oración, cuyo corazón está abierto a Dios para amar y servir mejor a sus hermanos.

El sacerdote es  un hombre de alabanza y ofrecimiento en quien Cristo vive para conducir a Dios una multitud de hombres.

El sacerdote es  un fiel servidor de Dios, un fiel servidor de todo hombre.

El sacerdote es  un padre encargado por Dios para bendecir, sustentar, levantar, acompañar, despertar, iluminar, amar, perdonar, santificar…

¿El sacerdote del Emmanuel es feliz?

De acuerdo con la reconocida revista norteamericana Times, aquellos que se declararan más felices en su trabajo en orden decreciente son:

  • Sacerdotes (67 %),
  • Bomberos (57,2 %)
  • Mecánicos de automóviles (53,6 %),
  • Educadores especializados (52,6),
  • Actores (51 %)
  • Pilotos de avión (49,1 %), etc.

(Revista Time, noviembre de 2007, www.time.com / dayinthelife)

 “Mi mayor alegría de cada día es ver vidas que retoman vidas; ser el primer testigo del poder de los sacramentos. Yo doy algo que es mayor que yo mismo: ¡ A Dios!!

(Cédric, 38 años, antiguo campeón internacional de bicicrós, párroco en la Parroquia Sainte Julienne en Namur, Bélgica)

¿El sacerdote del Emmanuel es diferente?

Desde los comienzos de la Comunidad, unos jóvenes recibieron en ella la llamada al sacerdocio. El fundador, Pierre Goursat, intuyó entonces la importancia de este asunto para la Iglesia, el de tener sacerdotes que compartiesen con sus hermanos laicos la misma vida de oración, el deseo de santidad y el fuego por anunciar el Evangelio al servicio de la Iglesia local. Así, los sacerdotes del Emmanuel, incardinados en sus diócesis o en la Asociación sacerdotal de la Comunidad, para la misión universal de la Iglesia, serían llamados a vivir plenamente su compromiso comunitario.

“Los diferentes estados de vida conviven juntos sin hacer desaparecer las responsabilidades propias de cada uno, mas viviendo una relación fraterna que se funda sobre la pertenencia comunitaria”. Esta comunión de carismas vivida entre sacerdotes y laicos apareció como una concreción de las enseñanzas del Concilio Vaticano II.

La Comunidad cuenta hoy en día con cerca de 280 sacerdotes, 90 seminaristas, y una veintena de jóvenes en etapa de discernimiento (Año San José). La vida y la formación comunitaria forman parte integrante del camino y del discernimiento de los seminaristas.

Una mayoría de los sacerdotes de la Comunidad ejercen su ministerio en parroquias (85 parroquias son actualmente confiadas a sacerdotes del Emmanuel). Los otros desempeñan ministerios diversos: junto a los jóvenes como capellanes de casas de estudiantes o escuelas de evangelización, capellanes de hospital, formadores de seminarios.

Algunos de los sacerdotes son enviados en misión a otros países y continentes. En todos esos lugares, forman una fraternidad de vida y de misión: casa común, compartir diario de la oración y de las actividades pastorales. Participan también de la vida fraterna y misionera de las comunidades locales del Emmanuel.