¿Llamado a ser sacerdote?

La Comunidad del Emmanuel propone distintos modos de discernimiento para que los jóvenes que deseen avanzar en la comprensión y respuesta a un eventual llamado de Dios al sacerdocio.

En Europa, hacia octubre o noviembre  se realizan encuentros de fines de semana, que permiten dar un primer paso. Asimismo, se realiza un festival de la vocación sacerdotal  (en torno a la fiesta de la Ascensión del Señor) que permite descubrir la vida sacerdotal.

En América Latina, el principal instrumento es “Ciclo del Cura de Ars” .  Se trata de un ciclo de encuentros realizados de forma periódica para aquellos que deseen reflexionar sobre su vocación.

Está dirigido a los hombres de 18 a 30 años:

  • Que toman de forma seria la pregunta sobre la vocación, aún si no han entendido el llamado específico.
  • Que desean hacerse disponibles  al llamado de Dios.
  • Que están dispuestos a realizar un discernimiento durante un período de algunos meses, sin dejar sus estudios o trabajo.

El ciclo permite crecer en libertad y tomar decisiones.

En Namur (Bélgica) Abiyán (Costa de Marfil)   o Salvador de Bahía (Brasil)   se propone un año de tiempo completo con Cristo para discernir una vocación sacerdotal en la Comunidad del Emmanuel.

P. Fabricio

“Después de dos años de misión en Senegal, la pregunta del sacerdocio me inquietaba y yo estaba dispuesto a hacer la voluntad de Dios.  Sin embargo, vivía este llamado como una restricción, de manera que entré en el Año San José con la idea de arreglar este problema. Al comienzo, me sentía como un león en una jaula. Yo estaba habituado a otro ritmo de vida… De temperamento activo, yo quería hacer de todo. Ese año me ayudó a sumergirme en el Ser más que en el Hacer.  Y me hice varias preguntas: ¿Dios quiere en verdad que yo sea sacerdote?. ¿Si soy sacerdote, seré feliz?. ¿Puedo verdaderamente confiar en Dios hasta el final?.  Así, en el curso de ese año, varios eventos concretos me mostraron que Dios me quería enteramente a su servicio, y al mismo tiempo, El me dejaba ser totalmente libre para responderle.

El Año San José consolidó mi vocación, me estructuró y me permitió integrar los fundamentos de mi vida sacerdotal.  Gracias a la vida fraterna en maisonnée (reunión en  hogares) compartida con otros hermanos muy distintos entre sí, experimenté que Dios tiene la capacidad de hacernos vivir juntos como hermanos y hermanas, más allá de nuestras diferencias. Este año propedéutico da a los jóvenes los medios de escoger la santidad y de reflexionar intensamente  sobre la pregunta del llamado sacerdotal  Allí aprendí a adquirir ese don: el don del sacerdocio“.