Crisis en Nicaragua

Nicaragua es un país maravilloso y rico en recursos naturales, el más grande de Centro América; sin embargo, a través de su historia ha sido gobernada por sistemas autocráticos, que no le han permitido una distribución adecuada de la riqueza, llevándola a convertirse en el segundo país más pobre de Latinoamérica.  En Nicaragua la Comunidad del Emmanuel tiene el núcleo  de miembros más grande del continente. Dos de ellos nos informan sobre la crisis social y política en que está sumido este país.

Lastimosamente a través de los tiempos la democracia ha sido muy efímera, pasando de dictaduras de derecha a izquierda por medio de revoluciones que han ocasionado centenares de muertos en las últimas décadas. El país no solo ha perdido oportunidades de crecimiento económico por estos sistemas de gobierno, sino que además consta con un 42%  aprox. de desempleo real, un salario mínimo equivalente a 7.5 dólares por día, además una marcada pérdida de valores con el surgimiento de pandillas, tráfico de drogas, etc.

El “libertador” que se convirtió en dictador

En la década de 1970, Daniel Ortega fue conocido como el comandante Daniel, según sus propios exguerrilleros, un hombre muy distinto al de hoy. Él encabezó la revolución sandinista contra Somoza y se llenó de gloria. Desde entonces el exguerrillero marxista fue mutando hasta convertirse en un hombre que vive junto a su esposa e hijos una vida de lujos y placeres a costa de los nicaragüenses. Daniel Ortega ostenta la presidencia de Nicaragua desde el 2007, cogobierna con su esposa Rosario Murillo, que no es solo la primera dama, sino también la vice presidenta del país. Muchos aseguran que quieren perpetuarse en el poder. Los nicaragüenses lo acusan de violación a los derechos humanos, acumulación de poder y corrupción, todos los males que él combatía en su época de guerrillero cuando en 1979 derrotó a la dictadura de Somoza.

Desde que el presidente Ortega inició su segundo gobierno, en el año 2007 (ya lo había hecho en la década de los años 80) se dio a la tarea de crear las bases para cumplir sus sueños de perpetuarse en el poder, él y su familia, al mismo estilo de la familia Somoza. Por esta razón, tras subir al poder, mismo que logra mediante unas elecciones libres y transparentes, comienza a poner en marcha todo un proceso para desmontar el Estado de Derecho que se sustentaba en el respeto a la Constitución de la República y a la independencia de los poderes del Estado, para ir instalando poco a poco la Dictadura a la que hoy le hace frente el pueblo de Nicaragua.  Daniel Ortega en este proceso llega a concentrar tanto poder en el país, que logra colocarse por encima de la constitución y las leyes de la nación. Todos los poderes del estado, la policía y el ejército quedan a su servicio. La corrupción y el robo en las distintas instituciones del gobierno también hicieron su presencia saqueando al pueblo nicaragüense. No hay funcionario público que no haya abusado del dinero del estado y del pueblo.  La ayuda que el gobierno de Venezuela le brindo al país con la venta de petróleo a precios concesionales y pagadero a largo plazo,  fue acaparada por la familia Ortega-Murillo, la que los llevó a convertirse en una de las familias más rica de Nicaragua.

Un “revolucionario” multimillonario

El líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional, el que se suponía que era un guerrillero idealista, pasó de ser revolucionario a multimillonario,  tiene una fortuna de $2 mil millones de dólares, en un país donde la renta per cápita supera solo los $2 mil dólares anuales. Ha amasado una fortuna tan grande que ha comprado los principales medios de comunicación del país y les ha permitido a sus hijos vivir como jeques árabes: Laureano Ortega Murillo trabaja para la agencia de promoción de inversiones del Gobierno, es un coleccionista de relojes Rolex, además, con dinero del Gobierno, su padre le montó impresionantes producciones al estilo de Hollywood para que cante ópera. Camila Ortega Murillo, la hija menor de la pareja presidencial, usó fondos del Estado para montar “Nicaragua Diseña”, un evento al estilo de New York Fashion Week. Rosario Murillo adornó las principales calles de Managua con decenas de árboles de metal que simbolizan el poder y el derroche económico de la vicepresidenta y cuyo costo alcanzó los $30 mil dólares cada uno, despilfarrando los millones que ha hecho producto de la corrupción, en un país donde si acaso los pobres viven con menos de $2 dólares por día y la mayoría del pueble muere de hambre.

Protestas

Todos estos abusos de parte del presidente Ortega y su gobierno, el pueblo de Nicaragua los venía soportando y la Iglesia Católica denunciando en sus homilías, principalmente el Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Managua (capital del país), Mons. Silvio José Báez. Desde el 18 de abril  de 2018, todos los días se exige la renuncia de Daniel Ortega a la presidencia de Nicaragua, luego que su gobierno decretara una reforma a la Seguridad Social que afectaba a toda la población, ya que implicaba un aumento de los tributos sobre los empleados, empleadores y los pensionistas. Esta fue la gota que rebasó el vaso con agua, provocando el peor estallido social generando la mayor crisis política, social y hoy también económica de las últimas décadas, dejando al país, de poco más de 6 millones de habitantes, al borde de una nueva guerra civil.

Represión

Las protestas que se han caracterizado por ser pacíficas, fueron iniciadas primero por los estudiantes universitarios y jóvenes profesionales, siendo los abanderados de esta rebelión civil, pero luego, miles de nicaragüenses salieron a las calles portando banderas en las denominadas marchas Azul y Blanco, convirtiéndose en una lucha frontal de la población que busca liberarse de la dictadura de Daniel Ortega. Muchos estudiantes se atrincheraron en las universidades y no  dudaron en enfrentarse a la policía y paramilitares aliados y fieles al presidente Ortega.

No obstante, las protestas han sido  reprimidas de forma violenta, dejando un saldo de 100 muertos y más de 200 heridos en tan sólo los primeros 30 días de protesta. A la fecha, más de 500 personas, la gran mayoría civiles, han muerto a manos de las Fuerzas Armadas; se contabiliza además más de 4,000 heridos, más de 1,400 secuestrados y 1,200 desaparecidos; asimismo, más de 400 presos políticos y un éxodo de más de 24,000 personas a distintos países de centro, norte y sur América e incluso Europa.

A seis meses del inicio de las protestas cívicas contra el presidente Daniel Ortega, ningún policía ni paramilitar ha sido procesado por los asesinatos del régimen, en cambio, la justicia orteguista mantiene la persecución y criminalización contra los manifestantes, sentenciando a los ciudadanos presos por participar en las protestas cívicas del país, con penas de entre 15 y 30 años de prisión por presuntos actos de terrorismo. Organismos internacionales como Amnistía Internacional, CIDH, ONU, han denunciado que la represión contra las protestas se ha realizado bajo las órdenes y el control de los gobernantes. La Organización de Estados Americanos (OEA) ha exigido que se detenga el actual momento de violencia; ha comparado al régimen de Daniel Ortega con las dictaduras de Cuba y Venezuela y ha demandado la reinstitucionalización y democratización de Nicaragua como un acto imprescindible de parte del gobierno para llamar a los nicaragüenses a un entendimiento, puesto que la continuidad de las políticas represivas obligará a recurrir a la aplicación de la carta democrática interamericana en contra del gobierno de Ortega.

Un régimen aislado

El régimen está llegando al punto más alto de su aislamiento. La represión criminal de Ortega y la persecución que ha desatado contra su propio pueblo, que exige la renuncia de Ortega y Murillo y demanda libertad, justicia y elecciones anticipadas libres y observadas por organismos internacionales, ha sido condenada en América Latina, en la ONU, en Europa y en todo el mundo. El único soporte de Ortega es lo que aún queda de la alianza bolivariana del ALBA: Venezuela, Cuba y Bolivia, pero ninguno de estos tres países puede financiar el profundo déficit económico en el que se encuentra sumergido el país, ni evitar el colapso que está provocando la crisis política en Nicaragua.

La Iglesia frente al régimen

En este marco de protestas la Iglesia Católica por su adhesión al pueblo de Nicaragua en su lucha legítima por la libertad y democracia y el respeto a la Constitución y los DDHH, ha sido flanco de ataques por parte del Gobierno del Sr. Ortega. Debido a que los templos han permanecido abiertos durante las protestas, dando refugio y protección a todo aquel protestante que lo ha solicitado, la Iglesia y su jerarquía, ha sido señalada como conspiradora y partícipe de un supuesto golpe de estado con el que se pretende derrocar al gobierno de Nicaragua. Máxime que en el papel de mediadora y testigo en la mesa del Dialogo Nacional entre el Gobierno y representantes del pueblo de Nicaragua, los obispos le presentaron al presidente Ortega una ruta de salida negociada respetando la constitución del país. Esto ha desatado toda una campaña de difamación y de desprestigio para la Iglesia por parte del Gobierno y su partido. Se puede decir que la Iglesia en Nicaragua es una Iglesia perseguida por el gobierno debido a las denuncias por el abuso del poder de la familia gobernante.

Luis y Maria Haydée Sequeira, Comunidad del Emmanuel, Nicaragua